Había una persona que sabía armar los despachos. Una sola. Si faltaba, el día
se complicaba, porque nadie más entendía del todo cómo lo hacía.
Lo primero fue verla trabajar y anotar el proceso completo, paso por paso.
Ninguno de esos pasos era difícil: eran lentos. Copiar, buscar, calcular,
separar, armar.
El cuello de botella estaba a la vista. Los pedidos vivían en el sistema de
la empresa y las medidas de los productos en una planilla aparte. Todo el
tiempo se iba en unir esas dos cosas a mano, línea por línea.
Así que empezamos por ahí. Conectamos el sistema al ERP para que los
documentos llegaran solos, y ordenamos la planilla de productos en una base
que el propio equipo pudiera mantener sin depender de nosotros.
Con esas dos piezas unidas, el resto dejó de ser trabajo. Los cálculos, la
separación por destino y el archivo para el courier pasaron a ser cuestión de
segundos, porque siempre fueron operaciones simples: lo difícil era juntar
los datos.
Hoy cualquiera del área puede armar el despacho del día. Y como cada envío
queda registrado, si alguien pregunta qué salió la semana pasada, la
respuesta está en el sistema y no en la memoria de una persona.
45 min
o menos para armar el despacho del día, contra las dos o tres horas que
tomaba antes.
33 h
al mes que vuelven al equipo: cerca de cuatro jornadas completas que se
iban en copiar, cruzar y calcular.
100%
de los despachos quedan registrados. Se puede volver a cualquier envío
pasado y ver exactamente qué salió.